La edad del deseo sexual

11 03 2010

BBC Mundo.- Los hombres tienen una vida sexual activa cada vez más larga, afirma una investigación, y aunque las mujeres “pierden” la libido antes que ellos, también suelen tener largas perspectivas de actividad sexual.

Esas son las conclusiones de un nuevo estudio llevado a cabo en Estados Unidos con 6.000 personas que reveló que cuatro de cada 10 hombres de entre 75 y 85 años siguen teniendo relaciones sexuales.

Entre las mujeres de esa misma edad, dos de cada 10 seguían sexualmente activas, afirma el estudio publicado en British Medical Journal(Revista Médica Británica).

Según los datos, los hombres parecen tener una vida sexual activa cinco años más extensa que la de las mujeres.

A los 55 años, los hombres pueden esperar, en promedio, mantener 15 años más de actividad sexual y las mujeres unos 10,5 años.

La clave de este largo deseo sexual, afirman los investigadores de la Universidad de Chicago, es un buen estado de salud ya que ésta aumenta el impulso y el placer sexual.

Las personas que gozan de buena salud tienen dos veces más probabilidades de estar interesados en las relaciones sexuales que aquellos que están enfermos.

También es más probable que los sanos tengan relaciones sexuales regulares -una vez o más a la semana- y según la encuesta, informan que sus relaciones sexuales son “de calidad”.

Diferencias

En general, dicen los investigadores, los hombres tienen más probabilidades que las mujeres de ser sexualmente activos, de informar de una vida sexual de “buena calidad” y de estar interesados en el sexo.

Y estas diferencias aumentan con la edad.

Los científicos no saben si estas diferencias de género se deben a que los hombres están más interesados en el sexo que las mujeres o porque ellos tienen más tendencia que ellas a alardear sobre su vida sexual.

Los investigadores analizaron los datos de la vida sexual de un grupo de hombres y mujeres de entre 25 y 74 años y otro grupo de entre 57 y 85 años.

Encontraron varios factores que, dicen, podrían explicar los resultados que obtuvieron.

Por ejemplo, la oportunidad. Cerca de 75% de los hombres estudiados en los dos grupos dijeron que tenían una pareja.

Entre las hombres, sólo 60% de las participantes en el grupo de 25 a 74 años tenían pareja. Entre las mujeres mayores de 75 años, menos de cuatro de cada 10 tenían una pareja.

Esto refleja, dicen los científicos, la tendencia de las mujeres de vivir más años y la tendencia de los hombres de casarse con mujeres más jóvenes.

Tal como señala la doctora Patricia Goodson, profesora de la Universidad de Texas A&M, el hecho de que los adultos estén ahora gozando más años de vida sexual después de los 55 son “buenas noticias”.

Pero agrega que “el estudio no ofrece información sobre la interesante -y poco entendida- cuestión de por qué, aún cuando gozan de menos años de vida sexual activa, muchas mujeres no perciben esto como un “problema””.

“Tampoco nos ofrece detalles de cómo las mujeres y los hombres controlan, o intentan mejorar o tratar, su sexualidad en decadencia”, señala.

De cualquier forma, afirman los expertos, biológicamente no hay razones por las que un ser humano, siempre y cuando goce de buena salud, pueda también gozar de una vida sexual larga y activa.





¿Con o sin lengua?

19 01 2010

Por: Dharia Lezin

La culpa la tiene Disney. Pensaba -y aunque me cueste trabajo aceptarlo, quería- que mi primer novio fuera como el príncipe Felipe, o como Erick, el de la sirenita, de perdida: guapísimo, valiente, protector, inteligente, sensible, caballeroso, simpático y romántico, entre otras “pequeñas” cosillas.

Así que en la prepa, además de que mi rezago de desarrollo era evidente en comparación con cualquier niña de mi salón, obviamente también lo era para tratar al sexo opuesto, y no digamos para comprender que Felipe y Erick no existen y que debieron ser la creación de una niña-en-vías-de-ser-mujer igual de desubicada que yo.

Pensaba que el primer gran amor (e ingenuamente, el único), debería cumplir todos esos requisitos y que todo nuestro amor se sellaría por siempre en un hermoso beso en un atardecer al lado de un lago con la luna de testigo… o bueno, de menos con un beso. Pero… ¡oh, problema! ¿Cómo sabría corresponder el beso?

En aquellas épocas -lamento decepcionar a los caballeros-, las niñas no practicaban los besos con las niñas, y las películas sólo me asustaban porque todos los besos eran apasionados, con ella inclinando un poco hacia atrás su cabeza, con los ojos cerrados y rodeando con sus brazos al apuesto príncipe, quien tomaba apasionadamente la cintura de la damisela, se inclinaba hacia ella y cerraba los ojos, acompañado todo de un movimiento de mejillas bastante complicado, que a mi parecer incluía una especie de masaje labial y acrobacias con la lengua, sin olvidar que cada uno mecía la cabeza hacia el lado opuesto. Parecía toda una coreografía de ballet de las más complicadas, sin ensayo previo.

Ya me veía yo con un Felipe a punto de besarme y decirle “¿Podemos ensayar primero?”, o “¿Me explicas la teoría?”, pero ¡NO! Jamás se dice ni dices que no sabes besar y que no te han besado antes. ¿Quieres quedar como la niña tonta a la que nadie le hace caso o sin experiencia? ¿Qué pasaría si a tus longevísimos quince años alguien se entera que lo único que has hecho con pseudo-novios (de diez, once o doce años) han sido besitos de piquito? Y como los besos entre los padres ¡jamás! nos resultan atractivos, eso de preguntarles la ciencia y el arte de besar termina siendo hasta repugnante.

Además había otro problema…¡mis frenos! Mi boca hubiera podido ser un excelente satélite para la compañía de celulares más grande del país sin problema alguno. ¿Qué tal si le arañaba los preciosos labios a Erick? ¿Qué tal si me acercaba con mucha brusquedad y lo golpeaba? ¿Qué tal si me cortaba yo?

A los doce años, más o menos, una amiga me dijo que a su hermana mayor (14) le habían dado su primer beso y que el chico le metió la lengua a su boca. En ese momento me dio asco, me pareció asqueroso, y para colmo pensé que todos, absolutamente todos  los besos eran así.

Bueno, pues el príncipe no estaba en mi escuela, todos tenían un defecto (es irónico cómo los defectos del “otro” son los que cuentan, sin importar todos los tuyos, o tus complejos), así el defecto fueran sus amigos, un promedio perfecto (sobre todo si el tuyo no lo es), o que es muy callado, o muy extrovertido. No, no había príncipes en la escuela. Y el uno y otro que parecían tener potencial de príncipes, obviamente tenían novia que sí tenía senos, pompas, cintura, y se maquillaba (y peor aún: sabía maquillarse). Así que la opción, según mi mejor amiga y yo, fue conocer gente… en fiestas. Y sí, conocer a Felipe en una fiesta suena completa y ridículamente absurdo, pero esas eran mis ideas románticas. Espero que alguna lectora pueda hacerme sentir que no fui la única así de perdida.

No me había animado, pero déjenme describirme a mis aborrecentes quince años. No tenía anemia, anorexia ni bulimia (porque era de mal gusto estar flaco, la onda era estar “buena”), pero pesaba unos pobres y miserables 34 kilos. El peso de un niño de 10 años. Me habían zampado cuantas vitaminas y dietas existieran, pero no servían para un carajo, ni un gramo. Pueden, entonces, adivinar mi hermosa carencia de curvas. Tenía la piel tan blanca,  mala herencia europea, que en lugar de verme exótica, me daba un aire enfermo, “calavérico”, en combinación con mi peso. Obviamente se me veían los pies y las manos grandes. Tenía pecas (que por suerte ya se fueron), y usaba braquets (con súper sexy ligas de colores), y frenos de caballo, pero esos, obviamente, no me los llevaba a la escuela. Toda una belleza.

Pasemos a las soluciones desesperadas. Resultó que con unos jeans súper ajustados, una blusa ombliguera (creo que era talla infantil),  un bra push-up (para apretar y por consiguiente que se te vean más los senos), y botas (para que no se me vieran los pies flacuchos y grandes), y unas dos horas de maquillaje: ojos, boca, pómulos, etc., lograba verme de 16 años. ¡De mi edad! Todo un descubrimiento. Mi amiga me hizo ver que (aunque en pequeña proporción) tenía lo que tenía que tener, y que el maquillaje podía hacer maravillas (sigo pensando en eso aunque normalmente no lo admito). Con tantos trucos, resultó que en el espejo ya no era tan fea ni un fenómeno y que tal vez, el príncipe sí podría hacerme caso.

Y bueno, en una fiesta me animé a retar miradas una y otra vez con un posible príncipe, muy como es mi gusto, y ese sí me lo reservo, pero el muchachón no estaba de nada mal ver. En condiciones normales jamás lo habría hecho, pero como iba “disfrazada”, me sentía mucho más libre, como que actuaba a ser alguien mayor por una noche, con mejores formas, más segura, y sexy.

Casi me desmayo cuando después de un rato, se me perdió de vista el príncipe, y apenas volteo a mi izquierda para buscar a mi amiga, lo tengo de pie a lado mío, sonriéndome. Bendito maquillaje. Ocultó que me puse hasta verde. Y más encantador resultó cuando me enteré de que no tenía 15 ni 16. ¡Tenía 19! Una cosa llevó a la otra, estuvimos platicando de las tonterías que uno platica a esa edad, bailando, cantando y haciendo todo lo que hace uno por lucirse (sin exponerse a hacer el ridículo). Después de un rato nos sentamos y, tratando de evitar ese primer encuentro, cuando volteo para verlo… ¡sus labios estaban textualmente encima de los míos!, pero su lengua no estaba en su boca… y ¡yo no supe que hacer! ¿Abro más la boca? ¿La cierro? ¿Me pongo tiesa, me relajo? ¿Qué demonios hago? Por inercia traté de hacerme para atrás. Aún no recuerdo qué hice con mis manos… o si hice algo. Cuando la incomodidad, no por el beso en sí, sino por estar haciendo yo el ridículo me venció… cerré un poco la boca, dándole un ligero mordisco en la lengua, que creo que no lo lastimó, pero en efecto sirvió para que se separara. Y me sentí como nueva porque no me vio con cara de “eres pésima besando” (aunque si yo fuera él, honestamente habría pensado eso), y descansé del miedo al ridículo… además de tener una boca que ¡ya sabía lo que era un beso!

No sabía si habría otra pero para mí (esa noche) él sí fue un príncipe, y aunque de mi parte fue patético, si fue un genial primer beso. Y bueno, en aquello de la teoría, la práctica hace al maestro. Sigo pensando en que pese a mi “arreglo”, yo no era para tanto, pero el asunto es que por primera vez, alguien que me gustaba, también sentía interés por mí, y lo sostengo porque después de eso salimos un par de veces (aunque ni yo lo creyera), pero como dice Michael Ende… eso es otra historia y será contada en otra ocasión.





Cambio de sexo ¿a qué edad?

17 01 2010

Foto: Quo.es

Hace unos días se llevó a cabo la primera operación de cambio de sexo a un menor en España.  El paciente, de sólo 16 años, se convirtió en el transexual más joven de ese país, reporta BBC Mundo. La noticia causó polémica debido a que algunas personas piensan que un menor de edad no está capacitado para tomar esa decisión.

De acuerdo con algunos datos, sólo un 15-20% de quienes se consideraban transexuales resultaron serlo después de la pubertad, dijo el endocrino Antonio Becerra, profesor de la Universidad de Alcalá y responsable de una de las tres unidades de referencia sobre el tema en España, quien resaltó que “esperar a los 18 años no significa no tratar” y explicó que los menores que se sienten incómodos con su cuerpo tienen varias opciones para resolver ese problema, como lo es la castración química, un método hormonal reversible que detiene la pubertad y prepara el cuerpo para una posterior transformación total.

Por otro lado, hay quienes aseguran que a los 16 años una persona “evidentemente tiene claro cuál es su sexo y por lo tanto tenemos que favorecer esa realidad”, comentó Antonio Poveda, presidente de la Federación Española de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales (FELGTB), quien también dijo que la operación del menor representa un “avance en el derecho de las personas transexuales jóvenes a poder vivir con su identidad”.

Para Poveda, la mayoría de las personas transexuales ya desde la infancia –los 4 o 5 años- tienen claro si quieren ser niñas o niños porque “negar la transexualidad hasta la mayoría de edad sólo alarga el sufrimiento de los jóvenes”.

El paciente había intentado suicidarse en varias ocasiones y sufría una disforia de género desde los 5 años, es decir, “tenía una cabeza de mujer en un cuerpo que se desarrollaba como un hombre”, explicó el cirujano Iván Mañero, quien realizó la operación.

El joven –cuyo nombre no ha trascendido- llevaba tiempo bajo tratamiento psicológico y tomaba hormonas para modificar el aspecto de su cuerpo, un paso previo necesario para someterse a este tipo de intervención.

También había recibido en noviembre la autorización judicial, permiso requerido en España para los menores de edad y que sus propios padres habían solicitado.

Y hablando de esto, me viene a la mente una película que salió hace algunos años y que muestra con claridad cómo se siente un niño pequeño cuando su cuerpo no coincide con su identidad sexual y cómo este hecho afecta a sus familiares más cercanos. Se llama Mi vida en rosa (Ma Vie En Rose), dirigida por Alain Berliner, con Michèle Laroque, Jean-Philippe Ecoffey, Georges Du Fresne.





¿Qué es el sexo?

14 01 2010

Para comenzar, les queremos dejar este texto que en su momento publicó el sitio soitu.es y que da pie para abrir la reflexión sobre la pregunta que le da nombre al post: ¿Qué es el sexo? Difícil de dilucidar ¿no crees?

Una de las grandes preocupaciones de muchas personas es la relación que existe entre el amor y el sexo. Hay quienes opinan que es perfectamente posible separarlos, mientras que para otros dicha separación no es posible ni tampoco deseable.

Es un tema con tantas implicaciones y entresijos que conviene ir por partes y destacar algunos aspectos. En primer lugar, resulta necesario crear un contexto para nuestra exploración. Los alcances de la sexualidad son inmensos y muchas veces insospechados. Tanto, que en bastantes ocasiones la comprensión que se tiene del término «sexo» resulta algo confusa y vaga. Si tomamos en cuenta los múltiples tabúes a los que ha estado sujeto el sexo no debiera sorprendernos. En términos generales, el concepto que la gente tiene del sexo varía dependiendo de la edad, la educación, la cultura, el entorno familiar, la experiencia…

La edad es un factor que suele influir con respecto al concepto que se tiene del sexo. Asimismo, puede también influir en las actitudes que genera. De hecho, la edad a veces se utiliza como razón para explicar una cierta intolerancia o incomprensión hacia el sexo y la sexualidad. Esto es, a mayor edad, supuestamente, mayor intolerancia. Esto no siempre es así, recordamos con mucho cariño charlas que hemos dado a grupos de personas muy mayores, que con su gracia y desenfado han dado lecciones de tolerancia y ganas de disfrutar del sexo y de la vida. Y estamos hablando de personas de más de 70 años, tanto hombres como mujeres.

Los factores de la educación y la cultura están estrechamente relacionados. Vivimos en una cultura fuertemente influenciada por el legado judeo-cristiano. La mayoría sabemos lo que esto significa. Es decir, durante siglos se ha considerado que el sexo debe cumplir la función de la procreación y poco más. Aunque este tipo de mensaje está cambiando y, de hecho, existe una mayor libertad, la sombra del pecado y la culpa, inconscientemente, puede pasar factura en algunas personas.

La educación, por su parte, suele realizarse dentro de un contexto cultural. Sin embargo, es verdad que muchas personas han intentado centrarse en los aspectos positivos de la actividad sexual. Pueden contemplar el sexo como algo placentero y divertido, como una oportunidad para acercarse a la pareja y crear mayor intimidad. Sin embargo, como ya hemos sugerido antes, inconscientemente las personas han asimilado una serie de consignas negativas con respecto al sexo. En el fondo, y muchas veces sin darse cuenta, uno de los mensajes que se siguen propagando es que el sexo es algo peligroso, que hay que evitar. Por todo ello, no es de sorprender que en ocasiones no se sepa muy bien qué engloba el sexo y el lugar que tiene la afectividad en todo esto.

¿A qué crees que se deba tanta confusión con respecto al sexo? ¿Por qué todavía algunas personas sufren en silencio sus dudas con respecto a la sexualidad? ¿Qué factores crees que influyen en la concepción del sexo y del amor? ¿Qué es para ti el sexo?